Un equipo de investigación de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) presentó los resultados de un trabajo pionero sobre el juego problemático en adolescentes. El estudio, realizado con casi 300 estudiantes de secundaria de la ciudad, arroja datos clave sobre cómo el entorno digital y el nivel educativo influyen en esta problemática.
A cargo de la presentación estuvo el director, docente investigador de la UNRC Juan Munt, doctor en Desarrollo Territorial, quien lleva adelante este proyecto junto con la doctoranda Analía Rodríguez y la tesista de grado Julia Mazzone.
Los números del riesgo
El informe determinó que el 19% de los jóvenes evaluados presenta indicadores de riesgo o conducta de juego problemático. Si bien no es una situación mayoritaria, los investigadores advierten que no es un dato marginal y que el fenómeno es transversal y complejo.
La brecha de género es, quizás, el hallazgo más impactante:
- Varones: El 37,2% se ubica en categoría de riesgo.
- Mujeres: Solo el 5,3% presenta estos indicadores.
- Relación: La incidencia en varones es aproximadamente siete veces mayor.
El entorno pesa más que la «impulsividad»
Contrario a la creencia popular de que existe una «generación más impulsiva», el estudio dirigido por el Dr. Juan Munt sostiene que no hay diferencias estructurales de personalidad entre quienes apuestan y quienes no.
«El fenómeno parece estar más asociado al contexto que a una predisposición individual extrema», afirmó Munt.
Las causas principales apuntan al diseño del mundo digital:
- Alta exposición a estímulos permanentes.
- Facilidad de acceso a plataformas de apuestas.
- Bajo nivel de regulación percibida por los menores.
Educación materna: un factor protector
La investigación también identificó una correlación social importante: a mayor nivel educativo materno, menor incidencia de riesgo. Los niveles más bajos de peligro se registraron en hogares donde la madre posee educación superior completa.
Una «ventana de oportunidad» para el Estado
El trabajo, desarrollado por el Laboratorio de Economía Aplicada junto a la Defensoría del Pueblo, destaca que el problema aún no es estructural, lo que permite una acción preventiva eficaz. Los investigadores proponen cuatro ejes para políticas públicas:
- Arquitectura de elección: Poner límites de gasto y tiempo por defecto en apps.
- Regulación de estímulos: Frenar la intensidad de los incentivos digitales.
- Alfabetización económica: Enseñar sobre riesgos y probabilidades en las escuelas.
- Intervenciones focalizadas: Actuar según las necesidades de cada barrio o escuela.
Dato Clave: El estudio se basó en economía experimental, observando decisiones reales de los estudiantes bajo incentivos controlados, y no solo en encuestas de opinión.









